Síntomas de TDA H inatento en adultos
El trastorno por déficit de atención (TDAH) afecta a aproximadamente el 8.4 por ciento de los niños y 2.5 por ciento de los adultos, según la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, en inglés).
El origen del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que se inicia en la edad infantil.
Es multifactorial, es decir, que es el resultado de una combinación de factores, como la genética y el entorno. Sin embargo, la causa principal del TDAH es genética. El coeficiente de heredabilidad del TDAH es de 0,76, es decir, que si un niño tiene TDAH, el 76% del origen de dicha patología es genética.
Los adultos con TDAH presentan muchas veces dificultades en la vida diaria, las cuales tienen un impacto significativo en el área social, laboral, familiar y de pareja, entre otros, llegando a configurarse como motivos de consulta a especialistas de salud mental reportan que los adultos con TDAH tienen dificultades para organizar y manejar tareas cotidianas, presentan olvidos con frecuencia o sufren cambios bruscos de humor. Además, se ha descrito que la expresión emocional estaría afectada, ya que las emociones se manifiestan de manera desproporcionada con la situación que las genera, particularmente, emociones tales como molestia, ira y/o resentimiento . Otros síntomas son la tendencia a distraerse con pensamientos poco relevantes, dificultades para escuchar y leer instrucciones, problemas para recordar hechos de la infancia, dificultades para esperar y mantenerse en estado de alerta en actividades poco estimulantes y dificultades para iniciar tareas. Debido a lo anterior, esta condición también afecta con frecuencia el desarrollo académico, expresada en mayores índices de deserción estudiantil y dificultades para terminar sus estudios.
https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-69242021000100044
Blushing Emocional: El dolor silencioso e interno
Las personas que presentan blushing experimentan episodios frecuentes e intensos de enrojecimiento facial súbito e incontrolable que se relaciona con acontecimientos de la vida diaria o que está provocado por estímulos emocionales o sociales. Lo más característico de este síndrome es que aparece de forma instantánea y que con frecuencia se acompaña de sensación de turbación, calor en la cara, hormigueo y en ocasiones bloqueo de la función mental. Habitualmente abarca las mejillas y orejas, pero puede extenderse hasta el cuello y el área anterior del tórax. Esta tendencia patológica a ruborizarse en presencia de otros se acentúa progresivamente y se acompaña de vergüenza y angustia, lo que produce durante los períodos intercalares un temor obsesivo, angustioso y constante de volver a enrojecer.(1)
El fenómeno se repite varias veces el mismo día sin motivo consciente, y el temor a enrojecer lleva al paciente a la incomunicación y al aislamiento social (fobia social). Se forma así el círculo vicioso en el que el temor facilita el rubor y este aumenta el temor o la angustia, de modo que los episodios de sonrojo son cada vez más prolongados y frecuentes.
El enrojecimiento facial fue descrito en 1872 por Charles Darwin como la más peculiar y humana de las expresiones (2). Sin embargo, el rubor emocional traspasa el hecho de ser una experiencia peculiar cotidiana y se convierte en el imán en donde convergen los miedos y propicia un terreno ansiogeno de las vivencias diarias. Por ejemplo: dos personas entran a una sala de clases, una lo vive como una situación cotidiana, con bajo nivel de ansiedad, enfocándose en los contenidos de la clase, para la persona con blushing, se puede volver un verdadero calvario quedarse solo sentada en ese asiento, solo pensando en su miedo a sonrojarse y a la ansiedad que eso le genera, afectando su rendimiento cognitivo.
En nuestra sociedad, en especial en la chilena, no estamos al tanto del cómo ayudar a las personas que padecen Blushing, es más, se tiende a minimizar la condición e indicar que solo es una exageración, y que es parte de la vida sentirse de esa forma, lo cual no es real.
Hoy en día existen varias formas de abordar la ansiedad que genera el Blushing o Rubor Social, algunas personas pueden tratarse con ansiolíticos "Los bloqueadores beta pueden reducir eventualmente el blushing, pero su eficacia es en gran parte anecdótica y no se ha estudiado con rigor, si bien un estudio determinó que reducían el blushing en aproximadamente un 75% de los pacientes" (3).
Además, se reconoce al enfoque cognitivo- conductual, como una de las corrientes psicológicas que más efectividad posee en el abordaje de la ansiedad, aunque no hay evidencia que logre especificar el éxito que posee en el abordaje del Blushing. (4)
Por otro lado, de manera más radical se realiza una cirugía endoscópica del simpático torácico, y específicamente la realizada para el tratamiento del rubor facial incontrolable, esta también se realiza para la hiperhidrosis primaria. Esta operación se realiza en Chile desde el 2002, resulta efectiva en el 80% de los casos de rubor facial patológico. Sin embargo, el paciente debe conocer y aceptar las consecuencias de la intervención y las potenciales morbilidades.(5)
Fuentes:
1- Unidad de Hiperhidrosis, Servicio de Cirugía Torácica, Hospital Clínic i Universitari, Barcelona, España
2.Darwin C. The expression of emotions in man and animals. En: Porter DM, Graham PW editors. The portable Darwin. New York: Penguin Books; 1993. p. 364–93.
3.C. DrottResults of endoscopic thoracic sympathectomy (ETS) on hyperhidrosis, facial blushing, angina pectoris, vascular disorders and pain syndromes of the hand and armClin Auton Res, 13 (2003), pp. 26-30
¿Tengo crisis de pánico o un episodio de angustia?
La ansiedad es una emoción que surge cuando una persona se siente en peligro, sea real o imaginaria. Es una respuesta adaptativa, que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Por lo tanto, tiene una función muy importante relacionada con la supervivencia, junto con el miedo, la ira, la tristeza o la felicidad. Para preservar su integridad física ante amenazas, el ser humano ha tenido que poner en marcha respuestas eficaces y adaptativas para poder enfrentar las diversas situaciones que se presentan.
Cuando las personas tienden a encapsular sus emociones en los momentos en los que surgen, el cuerpo puede resentir la angustia y sufrir alteraciones somáticas, las cuales se viven de manera desagradable e incluso sentir la muerte inminente, algunas pueden surgir en situaciones estresantes específicas. Por otro lado, las Crisis de Pánico pueden estar presente e en la vida de un individuo de manera constante y asociada a distintas situaciones, dependiendo de cómo se haya conectado la vivencia ansiosa con la acción realizada. De esa forma se va tejiendo un sustento para el síntoma, que se puede ir generalizando y conformando un trastorno ansioso, lo cual puede ser categorizado de acuerdo a las características de este.
Para poder trabajar las crisis de pánico, primero hay que tener claro si realmente eso es lo que a uno le sucede, ya que es muy fácil caer en las etiquetas y generar un falso diagnóstico.
A continuación indico los criterios de acuerdo al DSM -V: Fuente AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION
Trastorno de pánico
A. Ataques de pánico imprevistos recurrentes. Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:
Nota: La aparición súbita se puede producir desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad.
1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardiaca.
2. Sudoración.
3. Temblor o sacudidas.
4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
5. Sensación de ahogo.
6. Dolor o molestias en el tórax.
7. Náuseas o malestar abdominal.
8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
9. Escalofríos o sensación de calor.
10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización(separarse de uno mismo). 12. Miedo a perder el control o de “volverse loco.”
13. Miedo a morir.
Nota: Se pueden observar síntomas específicos de la cultura (p. ej., acúfenos, dolor de cuello, dolor de cabeza, gritos o llanto incontrolable).
Estos síntomas no cuentan como uno de los cuatro síntomas requeridos.
B. Al menos a uno de los ataques le ha seguido un mes (o más) de uno o los dos hechos siguientes:
1. Inquietud o preocupación continua acerca de otros ataques de pánico o de sus consecuencias (p. ej., pérdida de control, tener un ataque de corazón, “volverse loco”). 2. Un cambio significativo de mala adaptación en el comportamiento relacionado con los ataques (p. ej., comportamientos destinados a evitar los ataques de pánico, como evitación del ejercicio o de las situaciones no familiares).
C. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica (p. ej., hipertiroidismo, trastornos cardio pulmonares).
D. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental (p. ej., los ataques de pánico no se producen únicamente en respuesta a situaciones sociales temidas, como en el trastorno de ansiedad social; en repuesta a objetos o situaciones fóbicas concretos, como en la fobia específica; en respuesta a obsesiones, como en el trastorno obsesivo-compulsivo; en respuesta a recuerdos de sucesos traumáticos, como en el trastorno de estrés postraumático; o en respuesta a la separación de figuras de apego, como en el trastorno de ansiedad por separación).
Al momento de acudir a un profesional de la salud mental (Psiquiatra y/o Psicólogo) , será fundamental tener claro los síntomas específicos y los desencadenantes, con el fin de favorecer el abordaje del mismo
Un mundo menos hostil para poder vivir
Nos piden tolerancia a la frustración como si eso fuera una virtud individual que se aprende en un curso online o en una charla motivacional. Pero nadie se pregunta por qué hay tanta gente frustrada. Nadie se detiene a mirar que, en realidad, estamos sobreviviendo en un mundo profundamente hostil.
Nos levantamos cansados, corremos todo el día, trabajamos por sueldos que no alcanzan, criamos como podemos, respondemos mensajes mientras comemos, tragamos angustias en silencio. Y cuando algo se nos desborda, cuando lloramos, gritamos o colapsamos, nos dicen que exageramos. Que tenemos que aprender a controlar las emociones. Que no sabemos perder. Que somos demasiado sensibles.
Pero, ¿y si no somos nosotros los que estamos fallando? ¿Y si el problema no es nuestra falta de tolerancia, sino el exceso de carga? ¿Y si lo anormal es haber normalizado tanto dolor, tanto apuro, tanta indiferencia?
La verdad es que muchas veces no podemos más. Y eso no nos hace débiles. Nos hace humanos.
Validar el desborde no es romantizarlo. Es reconocer que detrás de cada grito o cada lágrima, hay un cúmulo de tensiones, miedos y silencios que se acumularon durante demasiado tiempo. Es dejar de juzgar al otro como si supiéramos todo lo que carga. Es entender que lo que llamamos “drama” quizás sea apenas la punta del iceberg de una vida sostenida con hilos.
Necesitamos un mundo menos exigente, menos apurado, menos cruel. Un mundo donde descansar no sea un lujo, y pedir ayuda no sea una vergüenza. Un mundo donde sentir no sea motivo de burla, y donde la empatía valga más que el rendimiento.
Porque nadie puede florecer en un terreno seco. Y nadie debería tener que endurecerse para ser respetado.
No se trata solo de ser más fuertes. Se trata, sobre todo, de construir un mundo menos hostil para poder vivir.